miércoles 2 de septiembre de 2009

¿Por quien sufrio Jesús en el calvario? ¿Por quien fueron clavadas sus manos y sus pies? ¿Por quien fue traspasado su costado con una lanza? ¿Por quien fue derramada su preciosa sangre? ¿Por quien fue hecho todo esto? !Fue por nosotros! !Fue por los pecadores, por los impios! Jesús lo hizo gratuitamente y voluntariamente, no por obligación, si no por amor a los pecadores y para expiar el pecado. Entonces, indudablemente, si Cristo murio por los impios, tenemos el derecho de proclamar que todos podemos ser salvos.

Además, todos podemos ser salvos por que Cristo aún vive. El mismo Jesús quien murio una vez por los pecadores, aun vive a la diestra de Dios, para llevar adelante la obra de salvación que vino a realizar en este mundo. Él vive para recibir a todo aquel que viene a Dios por medio de Él y para darles poder para ser hechos hijos de Dios. Él vive para escuchar la confesión de cada conciencia cargada y otorgar, como un sumo sacerdote omnipotente, una perfecta absolución.

Él vive para ser el único mediador entre Dios y el hombre, el incansable intercesor, el buen pastor, el hermano mayor, el abogado prevaleciente, el sacerdote que nunca falla, y el amigo de todos aquellos que vienen a Dios por Él.
Él vive para ser sabiduria, justicia, santificación y redención de todo su pueblo, para mantenerlos en vida, para apoyarles en la muerte y llevarles finalmente a la gloria eterna. Juan 14:1-6

¿Por quien está Jesús sentado a la diestra de Dios? Esta por los hijos de los hombres. Alto en el cielo, y rodeado de gloria inexpresable, aún cuida de la obra extraordinaria que emprendió cuando nació en el pesebre de Belén. Y Él sigue siendo el mismo, no ha cambiado nada, es el mismo que era cuando caminaba a orillas del mar de Galilea.

Es el mismo que perdono a Saulo el fariseo, y le envió a predicar la fe que anteriormente quería destruir. Es el mismo que recibió a María Magdalena, que llamo a Mateo el publicano, que bajó del árbol a Zaqueo y les dio ejemplos de lo que su misericordia podía hacer. Y Él no ha cambiado es el mismo ayer, hoy y para siempre. Indudablemente tenemos el derecho de decir que cada uno puede ser salvo, ya que Cristo vive.

"Venid ami", dice el Salvador, "todos los que estáis fatigados y cargados y yo os haré descansar." "Para que todo aquel que en él cree no se pierda mas tenga vida eterna. Juan 3:16